Hoy existe evidencia clara de que la incorporación de criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) en los negocios, genera mejores rendimientos

Durante mucho tiempo la comunidad de negocios global miró con indiferencia las demandas de un modelo financiero que incorpore parámetros sociales y ambientales a su análisis de inversión. Desde la lógica, ese desdén tenía un sustento claro: para que un negocio sea atractivo, la rentabilidad de la inversión es la prioridad número uno.

Esto no quiere decir que las personas sean insensibles con la ecología y el impacto social o medio ambiental de sus decisiones. Simplemente buscan resguardar su dinero, fruto del trabajo y el esfuerzo, en alternativas seguras.

Sin embargo, desde hace tiempo que las finanzas sostenibles dejaron de ser una idea romántica o aspiracional que nada tiene que ver con el corazón de los negocios. La sustentabilidad y la rentabilidad no solo fueron acercándose gradualmente, sino que se han convertido en dos conceptos mutuamente dependientes.

Hoy existe evidencia clara de que la incorporación de criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) en los negocios, genera mejores rendimientos.

El mundo ha tomado nota de esto: entre 2015 y 2019, las llamadas inversiones de impacto (que tienen retornos virtuosos en lo ambiental, social y económico) crecieron a un ritmo anual del 17%. Como si fuera poco, una estimación de la Red Global de inversión de Impacto (GINN) asegura que la crisis por el Covid-19 dará impulso a estas prácticas, en un planeta presionado por problemas sociales y económicos urgentes y la necesidad de encontrar soluciones económicas que perduren saludablemente.

El desafío está entonces en pensar la sustentabilidad desde el corazón de los negocios, amigar el anhelo de un mundo sostenible con proyectos económicamente pujantes y atractivos para inversores, accionistas, empleados y dueños. En otras palabras, un win-win absoluto.

Debemos utilizar las mejores herramientas que tiene el sistema económico mundial para impulsar el desarrollo sostenible. Estamos frente al desafío de integrar el anhelo de rentabilidad de los inversores con personas que genuinamente quieren hacer un aporte sustentable, entendiendo además que cada vez son más quienes buscan impulsar su capital como mecanismo de transformación.

No se trata de locuras inalcanzables, basta con ver hechos concretos. Los bonos verdes irrumpieron en el mercado de capitales global en 2007 como un instrumento de deuda y marcan récords de emisión año tras año.

¿Por qué? Son rentables y sostenibles, la combinación perfecta. Los bonos sociales, orientados a vivienda social, salud, seguridad alimentaria, infraestructura básica, entre otros, surgieron a posteriori, así como también los bonos sostenibles, un mix entre bonos verdes y sociales.

Argentina tiene una gran oportunidad de ofrecer una economía sustentable: alimentos orgánicos, turismo no contaminante, economía circular e innovación y energías renovables, entre tantos recursos. Las empresas y gobiernos que entiendan a las finanzas sostenibles como un factor estratégico verán potenciado su desarrollo. Se está construyendo otro mundo, sostenible, y consciente, pero también rentable y amigo de los negocios.

Ámbito – https://www.ambito.com/negocios/negocios/sustentabilidad-y-rentabilidad-sociedad-clave-la-economia-del-futuro-n5130549