• Mientras el cambio climático se agrava a gran velocidad con consecuencias devastadoras, y al tiempo que los bosques en pie siguen siendo fundamentales para combatir este fenómeno, la industria de la biomasa forestal florece.
  • Si bien esta industria generalmente utiliza la madera de desecho, a menudo recurre a la tala de bosques en pie para abastecer de pellets de madera a las centrales de carbón.
  • A pesar de que los estudios científicos actuales han demostrado que la quema de los bosques mundiales para la generación de electricidad tiene consecuencias desastrosas, la ONU en el Protocolo de Kioto de 1997 erróneamente considera la energía producida a partir de la biomasa forestal como neutra en carbono.

La industria de la biomasa forestal se está extendiendo en todo el mundo —aumenta rápidamente de tamaño, alcance, ingresos e influencia política— incluso cuando los climatólogos y los ecólogos forestales advierten que esta industria está poniendo en riesgo los bosques templados y tropicales. Asimismo, ejerce presión política para que los gobiernos utilicen los pellets de madera —pequeños trozos de madera y aserrín que reúnen desechos forestales compactados— como una “energía renovable” alternativa a la quema de carbón. (Haga clic aquí para consultar el mapa interactivo de los cientos de centrales eléctricas de biomasa más importantes actualmente en actividad en todo el mundo.)

“Hemos señalado en distintas ocasiones que […] la sustitución a gran escala del carbón por biomasa forestal [para la generación de electricidad] acelerará el calentamiento global y aumentará los riesgos de sobrepasar los objetivos fijados en el Acuerdo de París”, sostuvo Michael Norton, director ambiental del Consejo Asesor Científico de las Academias Europeas, en su declaración de diciembre de 2019 para los países de la Unión Europea.

“La razón es simple: cuando se explota un bosque para utilizarlo como bioenergía, todo el carbono de la biomasa entra en la atmósfera rápidamente, pero no será reabsorbido por los nuevos árboles por décadas. Esto no es compatible con la necesidad imperiosa de abordar la crisis climática”, dijo Norton.

Al tiempo que la industria de la biomasa forestal se expande a toda velocidad en EE. UU., Canadá, Rusia, Vietnam y Europa del Este, también avanza la amenaza a un incalculable número de hectáreas de bosques naturales y a los ecosistemas biodiversos que estos albergan, necesarios para el secuestro del carbono y la mitigación del cambio climático en esas mismas naciones y regiones. Incluso cuando el calentamiento global se prepara para marcar un nuevo y lamentable récord en 2020.

“Nuestros dos principales desafíos ambientales —el cambio climático y la pérdida de la diversidad— se encuentran estrechamente relacionados. Por ello, la prioridad de los gobiernos debería ser mantener los bosques en pie”, sostuvo Sasha Stashwick, defensora principal del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales, en una entrevista a BioEnergy Insight.

“La mayor parte de la madera que se quema en centrales eléctricas del Reino Unido proviene de bosques ecológicamente sensibles del sureste de los EE. UU. Esos bosques constituyen sistemas poderosos y eficientes de secuestro de carbono y albergan singulares especies de vida silvestre que no se encuentran en ninguna otra parte en el mundo”, afirmó Stashwick. Sin embargo, estos bosques no pueden cumplir su importante propósito si se los tala y se los transforma en pellets de madera. Porque los árboles demoran décadas en volver a crecer.

En 2017, la demanda de pellets de madera industriales superó los 14 millones de toneladas. Para el 2027, se espera que la demanda duplique con creces los 36 millones de toneladas previstos. Asimismo, se estima que los mayores incrementos de quema de biomasa hacia 2027 se producirán en Europa, Japón y Corea del Sur, mientras que los nuevos bosques de origen para satisfacer esa alta demanda serán aquellos ubicados en países como Brasil, Mozambique y Australia. Imagen cedida por Environmental Paper Network.

Industria de la biomasa en pleno apogeo

A excepción de los Países Bajos —donde la quema de pellets de madera como política se encuentra en estudio— la actual industria de la biomasa forestal refuta y desestima las críticas ambientales. Lo que es más, el sector parece marchar sobre ruedas. Esto se debe, en gran medida, a la laguna en materia de contabilidad de carbono de Naciones Unidas, que entiende la quema de bosques para la generación de electricidad como una actividad neutra en carbono, a pesar de que las ciencias duras demuestran lo contrario.

Considere estas noticias, publicadas en los últimos meses, que dan cuenta del crecimiento exponencial de la industria:

  • Según el análisis del sector realizado por Forisk Consulting, las exportaciones estadounidenses de pellets de madera se han más que triplicado, de 1,9 millones de toneladas métricas registradas en 2012 a alrededor de 6,9 millones de toneladas métricas en 2019; los primeros cinco meses de 2020 superaron los primeros cinco meses del año pasado.
  • Pinnacle Renewable Energy, la productora de pellets de madera, tuvo un segundo trimestre récord (abril a junio de 2020) en términos de producción y venta de biomasa forestal en Columbia Británica y Alberta, Canadá. Según los registros públicos, la compañía vendió 620 000 toneladas métricas de pellets para la exportación durante el mencionado trimestre, lo cual representa un incremento del 21 % respecto del trimestre anterior y un aumento del 30 % respecto del mismo periodo en 2019.
  • Enviva, empresa de Maryland que cotiza en bolsa y que es considerada la mayor productora mundial de pellets de madera, invirtió 175 millones de dólares en la adquisición de su novena planta en el sureste de los Estados Unidos. En paralelo, dos plantas se encuentran actualmente en construcción en Alabama y Misisipi y prometen ser las instalaciones de producción de pellets más grandes del planeta. Los pellets de madera de Enviva tienen como principal destino las centrales de carbón de Reino Unido, aunque también se comercializan cada vez más en Japón y Corea del sur.
  • Carolina del Norte, el mayor productor de pellets entre los estados del sureste norteamericano, acaba de aprobar la instalación de su quinta planta, esta vez en el condado de Robeson, que ya cuenta con otra planta de Enviva. Allí, toda la producción tiene como destino la exportación. El Departamento de Calidad Ambiental (DEQ) de Carolina del Norte ha otorgado un permiso a la empresa británica Active Renewable Energy Power, a pesar de la oposición de distintos grupos ambientalistas y de la sociedad civil y del compromiso asumido por parte de dicho organismo de no utilizar jamás biomasa para la generación de energía en ese estado.
Sitios operativos y propuestos de quema de biomasa en EE. UU. y Canadá. Haga clic aquí para obtener una imagen interactiva de este mapa. Imagen cedida por Energy Justice Network.
Haga clic aquí para consultar la versión a gran escala de este mapa y la lista detallada de las plantas de biomasa forestal del sureste de los EE. UU. que exportan pellets a Europa. Imagen cedida por Southern Environmental Law Center.
  • Drax, la empresa británica con el mayor consumo mundial de pellets de madera para la generación de energía, ha reportado un próspero primer semestre del 2020. También informó que la ganancia para los inversores gracias a sus actividades superó en un 16 % a las ganancias obtenidas la primera mitad del 2019. Además, la producción en sus propias plantas de fabricación de pellets en el sudeste de los Estados Unidos ha registrado un incremento del 15 % respecto del 2019, como también una reducción de los costos en un 9 %. Drax continúa gozando de más de mil millones de dólares anuales en subsidios gubernamentales, ya que, técnicamente, la biomasa está considerada como una fuente de energía neutra en carbono, al igual que la energía eólica o solar.
  • Según un reciente estudio, los subsidios para la generación de biomasa son tan altos en Corea del Sur que —al igual que ocurre en Reino Unido y la UE— la nación asiática está recortando las inversiones que podrían ir a verdaderas fuentes de energía renovable, como la energía solar o eólica. Este país recibe provisiones de Rusia y EE. UU., pero también de Vietnam, Indonesia y Malasia, cuyas selvas tropicales biodiversas ya se encuentran bajo presión extrema por causa de la agroindustria y la minería.
  • Japón, la tercera economía más grande del mundo, debe importar casi toda su energía desde el desastre nuclear de Fukushima en el año 2011. Para resolver esa necesidad, se encuentra en proceso de conversión de más de 20 centrales eléctricas de carbón a plantas de biomasa y carbón, hasta tanto pueda lograr la transición total hacia el uso de pellets de madera. Por su parte, Vietnam, un país relativamente nuevo en la producción de pellets, probablemente desmontará cientos de hectáreas de bosques tropicales para satisfacer la creciente demanda de biomasa de Japón. Por su parte, los fabricantes de pellets de Canadá y Estados Unidos también se preparan para cumplir con la creciente demanda del país asiático.
  • Según los analistas financieros, se estima que para 2027 la ganancia global a partir de la biomasa duplicará los 221,7 mil millones de 2019, hasta alcanzar los 425,8 mil millones. Gran parte de esa ganancia provendrá de la tala y quema de árboles, como también de la liberación de carbono en la atmósfera. En los papeles, sin embargo, los objetivos nacionales fijados en el Acuerdo de París se verían cumplidos.
A principios de 2019, los investigadores siguieron el rastro de los camiones madereros que provenían de bosques latifoliados con destino a las instalaciones de Enviva en Northampton, Carolina del Norte. Este claro talado se encuentra en la cuenca del río Tar-Pamlico, junto a Sandy Creek, que desemboca en la ensenada de Pamlico, en Carolina del Norte. Imagen cedida por Dogwood Alliance.
Un camión cargado de madera ingresa en la planta de producción de pellets de Enviva en Northampton, Carolina del Norte. Imagen cedida por Dogwood Alliance/NRDC.

Defensa de la biomasa 

Distintos expertos forestales han sostenido durante una década que la industria de la biomasa es el principal error del Protocolo de Kioto de 1997, que clasifica la quema de la biomasa forestal como una fuente de energía renovable, comparable a las energías sin emisiones de carbono, como la energía eólica o solar.

En aquel entonces, la lógica detrás de este argumento era que el carbono liberado a partir de la quema de pellets de madera podía ser compensado mediante la replantación de nuevas especies. Si bien esto es parcialmente correcto, existe una enorme salvedad. Los estudios han demostrado que lograr la neutralidad de carbono, aun si se plantara la suficiente cantidad de árboles nuevos en reemplazo, tomaría entre 50 y 100 años. Esto es, sin lugar a duda, un plazo demasiado largo dado el ritmo acelerado del cambio climático. La propia ONU ha advertido que tan solo nos quedan diez años para lograr una reducción significativa de las emisiones. Caso contrario, enfrentaremos las consecuencias catastróficas del calentamiento global.

Sin embargo, en la actualidad, y con beneplácito de la ONU, los países continúan quemando biomasa forestal sin contar la cantidad real de emisiones generadas, de conformidad con el compromiso asumido en el Acuerdo de París. De este modo, solo se realiza una contabilidad falsa o “en los papeles”. Distintos estudios han demostrado que, en verdad, la biomasa contamina más que el carbón, porque se precisa una mayor cantidad de biomasa cuando se utilizan pellets para generar la misma cantidad de energía que el carbón.

Sin embargo, la industria de la biomasa sostiene que sus detractores no comprenden la situación. En audiencias públicas, declaraciones e informes científicos propios, distintos actores del sector destacan que esta actividad representa una alternativa más ecológica y amigable con el clima respecto de la combustión de carbón. Las empresas argumentan, por ejemplo, que no realizan la tala completa de los bosques, sino que más bien “gestionan” la explotación de manera que el secuestro de carbono no se vea perturbado. Sin embargo, los defensores de los bosques que supervisan esos métodos de explotación cuentan una historia muy diferente.

“Si bien nuestra industria aprecia el control estricto y el debate acerca de ciertas cuestiones”, sostuvo en una declaración Seth Ginther, director ejecutivo de U.S. Industrial Pellet Association, “es importante para nosotros reconocer y aceptar que hemos alcanzado un punto crítico en el que la inmensa cantidad de datos, pruebas e investigaciones revisadas por pares señalan que la biomasa sostenible es parte de la solución del cambio climático”.

Dado que los países de la UE se encuentran obligados por ley a reducir sus emisiones de carbono cada año, la postura a favor de la biomasa de Ginther parece predominar; no así la que mantienen ambientalistas y ecólogos forestales. Actualmente, cerca del 60 % de la energía renovable generada por la UE no proviene de la energía eólica o solar, sino de la quema de biomasa. Principalmente, de aquella generada a través de los pellets de madera obtenidos de árboles enteros y de desechos madereros.

Instalaciones de quema de biomasa forestal de Enviva en Northampton, Carolina del Norte. Imagen cedida por Dogwood Alliance.

Oposición en los Países Bajos

A principios de julio, los ambientalistas tuvieron motivos de festejo en su lucha contra el uso de biomasa. El Consejo Económico y Social (SER) de los Países Bajos, un órgano independiente conformado por líderes empresariales, académicos y distintas ONG, recomendó al Parlamento de ese país que eliminara gradualmente el uso de biomasa para la generación de electricidad y calefacción. Cabe recordar que este país obtiene actualmente un 61 % de su energía renovable de este modo.

Asimismo, el SER recomendó que se continuara utilizando biomasa, aunque en menores cantidades, para la producción de químicos innovadores, bioplásticos y biohormigón, en vez de utilizar combustibles fósiles para aquellos propósitos limitados. El gobierno neerlandés decidirá en los próximos meses cómo o, mejor dicho, si incorpora estas recomendaciones en sus leyes de mitigación del cambio climático. Estas prevén la reducción en un 49 % de las emisiones de carbono para el año 2030.

Almuth Ernsting, junto a Biofuels Watch de Escocia, ha dedicado los últimos 10 años a ejercer presión en contra del uso de la biomasa en la UE. La activista tildó la solución propuesta por el SER de “compromiso imperfecto”. En diálogo con Mongabay, sostuvo: “si el gobierno neerlandés acepta las recomendaciones y las implementa, eso enviaría un fuerte mensaje a otros países de la UE [en materia de biomasa]. Los Países Bajos son uno de los jugadores más importantes dentro de Europa y en el contexto internacional también. Si [el informe del SER] se traduce en un cambio político significativo, esto marcaría una gran diferencia”.

Esa diferencia podría, por ejemplo, salvar los bosques de Europa del Este. Según Martin Luiga de Forest Aid Estonia: “Las tasas de tala en Estonia son demasiado altas como para proteger el clima. La mayor parte de nuestras especies en peligro son especies que habitan los bosques. Existe una gran preocupación en la sociedad civil respecto de la intensidad de las talas. No obstante, el humor político que prevalece es el del aumento de los volúmenes de explotación forestal. La reducción de la demanda de pellets podría contribuir en gran medida a mitigar la situación y, en consecuencia, a proteger los bosques estonios”.

Pilas de troncos en Amgu, Siberia. En la actualidad, EE. UU., Rusia y Canadá son los principales proveedores mundiales de pellets de madera para la producción de energía. Foto ©Sergey G. Surmach

Revisión de la directiva RED

Rita Frost, directora de campaña de la ONG Dogwood Alliance, con sede en Carolina del Norte, también ha centrado sus esfuerzos en lograr que los Países Bajos adopten una nueva postura respecto de la biomasa. Esto incluye apuntar a la Directiva (UE) de energías renovables (RED), que establece que la quema de pellets de madera es neutra en carbono y una forma legítima de reducción de las emisiones.

“Todo se remonta al problema con la RED y a la creencia de que existe la biomasa sostenible”, comentó Frost a Mongabay. “La industria ha utilizado eficazmente este argumento en Suecia, Finlandia y los Países Bajos, que llevan adelante prácticas de gestión forestal intensivas. Y cuando [esos gobiernos] miran la fuente de suministro [de pellets de madera] que proviene de EE. UU., no identifican problemas en eso. Sin embargo, gracias a nuestro trabajo, y al trabajo que realizan los países bálticos, sabemos que el panorama es muy diferente en el terreno, donde hemos documentado una gran pérdida forestal”.

Los defensores del medioambiente han ganado algunas victorias más pequeñas en los últimos años, sobre todo en Reino Unido, lo cual ha servido para limitar los subsidios y la expansión de Drax, la enorme planta de quema de pellets. Así, se ha logrado dejar en suspenso la instalación de nuevas plantas de biomasa en la UE.

Por otra parte, a nivel político, los subsidios otorgados por el Reino Unido a Drax en 2007 para la quema de biomasa caducarán en 2027. La renovación de esos subsidios (o no) dependerá de la presión política que la empresa ejerza para lograr sus objetivos. Según una investigación realizada por la ONG Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales (NRDC), catorce países de la UE actualmente brindan subsidios al sector bioenergético. Sin embargo, no es posible conocer a ciencia cierta hasta cuándo los contribuyentes continuarán brindando su apoyo al sector.

La central eléctrica Drax del Reino Unido, la mayor consumidora de biomasa leñosa del mundo para la producción energética. Una cantidad inmensurable de carbono generada a partir de la quema de pellets de madera es liberada a la atmósfera en Drax, agravando de este modo el cambio climático. Crédito de la foto: DECCgovuk en VisualHunt/CC BY-ND.
Cuando la industria de la biomasa promociona el uso de pellets de madera, el público a menudo imagina que el producto se consume en pequeñas estufas domésticas. Sin embargo, la realidad es muy diferente y el consumo es mayor: la quema industrial de pellets para la generación de electricidad se produce a gran escala, tal como puede apreciase en la central eléctrica de Drax, en el Reino Unido. Crédito de la foto: nican45 on Foter.com / CC BY-NC-SA.

En definitiva, los detractores de la biomasa reconocen que el verdadero cambio depende de la revisión de la Directiva (UE) de energías renovables (RED) y de colmar la laguna legal que existe actualmente en materia de neutralidad de carbono. En la Cumbre de Madrid sobre el Cambio Climático, Franz Timmermans, vicepresidente ejecutivo de la UE y político neerlandés, sostuvo en conversación con Mongabay que la posición actual de la RED respecto de la biomasa, a la luz de los recientes estudios científicos, debe ser revisada. Según Timmermans, esto podría ocurrir durante el 2021.

“Es preciso examinar detenidamente la cuestión de los biocombustibles”, sostuvo en Madrid. “Debemos cerciorarnos de que lo que hagamos con los biocombustibles sea sostenible y de que no genere aún más daño”.

Almuth, de BioFuels Watch, considera que los comentarios de Timmermans son un soplo de esperanza. Sin embargo, destaca que los científicos y los ambientalistas deben trabajar más duro para lograr un cambio en la opinión pública y para crear la voluntad política, de cara al crecimiento constante que se registra en la industria de la biomasa, cuya presión y ganancias son cada vez mayores.

“Todo cambio legal a la Directiva RED requiere de la aprobación de la mayoría de los estados miembros [de la UE], o de 15 o 27 países”, sostuvo Almuth. “Se necesitará mucha sensibilización y campaña para hacerlo posible. Es por eso que el próximo debate en los Países Bajos y los argumentos políticos que en él se esgriman en torno a la biomasa y a la neutralidad en términos de carbono resultan tan importantes”.

Mongabay – https://es.mongabay.com/2020/11/son-los-bosques-el-nuevo-carbon-suena-la-alarma-mundial-con-el-aumento-de-la-quema-de-biomasa/