Esta crisis es el anticipo de lo que viene si el mundo no presta atención al calentamiento global

Así se originó ‘Frankenstein’, la famosa novela de Mary Shelley. En las mismas circunstancias que inspiraron obras de Percy Shelley y el poema de lord Byron ‘Oscuridad’. Los tres se encontraban cerca de las orillas del lago de Ginebra, un verano en 1816. Fue un verano extraño, sin sol, lluvioso y frío. Frente al misterioso momento, Byron les propuso a sus contertulios que escribieran entonces historias de fantasmas.

Aquella experiencia con un clima inesperado, y raro para la estación, se repetía en todos los rincones de un mundo aterrorizado.

En julio cayeron nevadas en la costa oriental de Estados Unidos, una de las tantas manifestaciones de aquella especie de crisis climática global. Solo después se supo que la falta de verano en Ginebra y la nevada norteamericana ocurrieron como resultado de la erupción volcánica del monte Tambora en una isla de Indonesia, en 1815, que arrasó en sus faldas unas 70.000 vidas y, más allá de sus inmediatas fronteras, provocó el enfriamiento del planeta en los siguientes tres años.

Hoy, la anécdota de Mary Shelley con sus compañeros de viaje en Suiza ha ganado actualidad en medio de la pandemia. Sirve, ante todo, para sumarla a muchas otras advertencias: la crisis del coronavirus debe aprenderse como un anticipo de lo que se nos viene si el mundo no presta atención al calentamiento global. Y con efectos más devastadores.

Ambos problemas tienen en común el obedecer a dinámicas globales que exigen respuestas globales.

De forma inesperada, el coronavirus ha despertado sensibilidades climáticas entre amplios sectores de la población hasta hace poco indiferentes.

“Aprovechar el momento”, sugiere ‘The Economist’. Como resultado del encierro universal causado por el covid-19, las emisiones de gases que afectan la estratosfera se han bajado en los últimos meses. Ello no durará mucho. Y, en el largo plazo, su contribución a las metas de reducir el calentamiento global, acordadas en París en 2015, será insustancial.

“Aprovechar el momento” significa, claro, tomar medidas urgentes ante las oportunidades de la crisis. Ya que todos los gobiernos se encuentran empeñados en revitalizar economías en plena recesión, deberían hacerlo, como lo sugiere ‘The Financial Times’, “con paquetes de estímulos verdes”. La ayuda del Gobierno francés a Air France, por ejemplo, está condicionada a menores emisiones de combustible por la aerolínea.

“Aprovechar el momento” debe ser una consigna más de la sociedad que de los gobiernos. De forma inesperada, el coronavirus ha despertado sensibilidades climáticas entre amplios sectores de la población hasta hace poco indiferentes. En los últimos meses, el mundo ha gozado de aires más puros y aguas más cristalinas, mientras se descubre la necesidad de reconsiderar los diseños sociales en grandes aglomeraciones urbanas.

‘A Year Without a Winter’ es el título del volumen editado por Dehlia Hannah, que recoge en sus páginas un experimento colectivo para motivar mayores sensibilidades frente a la crisis climática global. Inspirado en la experiencia de Byron y los Shelley, doscientos años después, un grupo de escritores de ciencia ficción, historiadores, artistas y exploradores se recluyeron un largo fin de semana en el desierto de Arizona para imaginar cómo sería un año sin invierno, el ‘revés’ del efecto Tambora. Escribieron cuentos y ensayos que, en este libro exquisito, invitan a reimaginar nuestras vidas.

No estamos preparados para la crisis climática global que se avecina, escribe Pablo Suáez tras el experimento de Arizona. Estamos, sí, advertidos. Así ocurrió con la pandemia. No es tarde para aprender sus lecciones. Pero no deberíamos sorprendernos si nos quedamos sin verano, como les sucedió a los Shelley y a Byron y al mundo que sufrió con el volcán de Tambora.

El Tiempo – https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardo-posada-carbo/si-se-apaga-el-verano-columna-de-eduardo-posada-carbo-505936