Articulo de opinión – Patricia Ocampo

Mientras estamos preparando la mesa para recibir a nuestros familiares en estas fiestas, o en el momento en que acomodamos las luces del árbol de navidad, o también cuando brindemos con sidra y pan dulce con nuestros seres queridos, sería importante que no nos olvidemos la realidad que golpea a miles de niños de todo el país, que no tienen esa suerte. Muchos de ellos son chicos cuyo círculo familiar está sumido en la pobreza, y en ese contexto no pueden ir al colegio o lo abandonan, teniendo que trabajar de muy pequeños para ayudar a la economía familiar.

El trabajo infantil es un flagelo terrible aunque a veces es invisibilizado por nuestra cultura social. Para mucha gente, es delgada la línea entre el chico que está ocupado en una tarea y el chico que trabaja. Esa gente en ocasiones ignora que el trabajo infantil está penado por ley, y es un delito. Y a pesar de eso, los casos se repiten una y otra vez en nuestro país.

Aquí en Misiones, el “gurisito” es llevado muchas veces a la “tarefa” para “ayudar”, y en estas condiciones desde los 7 u 8 años ya está expuesto a un trabajo rudo diseñado para un adulto, como es la cosecha de la yerba, con el agravante que se pierde de jugar y de vivir su infancia. Y con el tiempo pierde escolaridad, o directamente no va a la escuela. Este círculo en el que viven estas personas les obliga a estar siempre allí. Son pobres que tienen garantizada la pobreza para siempre.

El último informe del Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina, sostiene que la pobreza infantil en la Argentina aumentó a su nivel más alto en la década y afecta al 51,7% de los niños y adolescentes del país -o sea, 1 de cada 2 niños es pobre!-, además, esta misma encuesta ubica al 13 por ciento de nuestros chicos pasando hambre. Esto es una tragedia social que debemos subsanar.

Debemos tener en cuenta que los cosecheros no reciben ni siquiera el 2 por ciento del precio que pagamos por el paquete de yerba. Se ha montado un dispositivo perverso donde ellos son el engranaje más castigado de la maquinaria. Y esto no es justo.


Desde la ONG Sueño para Misiones, desde hace años realizamos acciones tanto de concientización como de motivación a la sociedad civil y al gobierno de cambiar esta triste realidad y afortunadamente hemos logrado avances. Y hay una faceta del actual Gobierno provincial y nacional que nos da señales esperanzadoras. Sin embargo, eso no es suficiente. Para erradicar definitivamente el trabajo infantil en los hogares debemos poner una cuota de responsabilidad también cada uno de nosotros. Ya sea firmando la adhesión o levantando nuestra voz para que este flagelo se termine.


Mientras haya niños trabajando por estar sumergidos en la pobreza y la desigualdad, no podremos vivir las fiestas con plenitud.
Y aunque sean días de algarabía, de buenos momentos, de gratos encuentros, es fundamental que tampoco ignoremos qué está pasando al otro lado de la ciudad. Estos chicos nacieron sin culpa, pero padecen su infancia como si la tuvieran. No lo olvides. No los olvides. Ellos, no tienen regalos.