Segura, sostenible,accesible, económica, intermodal y ecológica. En los últimos meses escuchamos y debatimos sobre movilidad como nunca antes. La mayoría de nuestros traslados se volvieron indispensables y tuvimos que adaptarnos a las nuevas reglas que planteó la pandemia. En este terreno -donde todos nos hicimos expertos- hay un concepto que se repite y parece resolver los desafíos que tienen las grandes ciudades: el de movilidad sustentable.

La movilidad sustentable es fundamentalmente una política de diversidad, intermodalidad y convivencia. Parte de reconocer que no existe, ni podría existir, un único modo de transporte capaz de resolver las necesidades de movilidad de cada uno: ni el auto, ni la bici, ni el colectivo, ni la moto pueden ser la respuesta para toda la población. Es una política que genera igualdad de oportunidades, promueve alternativas que nos hacen bien y no traen costos ambientales; la predominancia del auto, por ejemplo, genera gases contaminantes, congestión e inseguridad vial. La calle es de todos y no sólo del más fuerte, o del que va más rápido; es un espacio donde todos encuentran su lugar para circular y pueden hacerlo con libertad, sin dejar por ello de sentirse seguros ni invadir el espacio del otro.

La manera de movernos cambió radicalmente y, en ese escenario, la bici registró un crecimiento inédito, con cifras récord de uso

Desde hace 10 años acompaño los procesos de transformación que hicieron que Buenos Aires sea una ciudad amigable y cercana para todos. Fui testigo del crecimiento del uso de la bici y del cambio de las calles con la incorporación de vías exclusivas; también del vuelco de muchas personas hacia el transporte público, que gracias a los cambios concretos y estructurales que desarrollamos fue haciéndose cada vez más atractivo.

Del 16 al 22 de septiembre celebramos la Semana de la Movilidad Sustentable. Este año desde un lugar especial, ya que la manera de movernos cambió radicalmente y, en ese escenario, la bici registró un crecimiento inédito, con cifras récord de uso. Hoy, cualquier vecino que sale en bici a la calle encuentra una ciclovía donde sentirse protegido, semáforos que lo guían y una cultura de la convivencia que fuimos incorporando progresivamente.

Todo esto es parte del trabajo que empezamos hace una década: construimos 250 kilómetros de ciclovías, creamos el sistema público Ecobici e impulsamos un cambio cultural para que la bicicleta sea reconocida como un actor más en el tránsito y no sólo un adminículo deportivo o un par de ruedas con manubrio al que debían resignarse los que no podían comprarse otro vehículo.

Hace 7 años, un Metrobus modificó para siempre la fisonomía de la 9 de Julio. Hoy, por primera vez, una ciclovía bordea el Obelisco. Es un ícono más en el paisaje de nuestra Ciudad. La nueva línea verde que cruza la 9 de Julio es la nueva ciclovía sobre Corrientes que, junto con la de Córdoba, sumarán 17 km más a la red.

Nuestro objetivo es que para 2023 haya un millón de viajes en bici en la Ciudad de Buenos Aires. La bicicleta no es un lujo de pocos ni el último recurso de quienes no tienen la opción de viajar de otra manera. Si tenés una bici y querés volver a usarla, podés hacerlo en un parque o en la ciclovía más cercana. Si todavía no la tenés y querés probar podés aprovechar el sistema Ecobici.

Durante la pandemia trabajamos incansablemente todos los días para radicalizar los cambios culturales de movilidad que ya están en marcha. Así buscamos que la “nueva normalidad” nos encuentre afianzando cambios permanentes hacia la movilidad sustentable que soñamos y por la que tanto venimos trabajando.

La Nación – https://www.lanacion.com.ar/opinion/movilidad-pospandemia-sustentable-todos-nid2459100