Es la segunda más contaminante en el mundo. Una idea más sostenible.

Escondido en las entrañas de la Brooklyn Army Terminal, hay un depósito de 420 cuadrados repleto de pared a pared y del piso al cielorraso, de bolsas de basura. Contienen retazos de telas de los estudios de moda de Nueva York: bolsillos de muestra sacados de jeans, muestras en estampado de cachemir de la siguiente temporada.

Hay tela denim de todos los colores, lycra de todos los matices. Casi 3.000 kilos de retazos de telas llegan todas las semanas para ser inspeccionados, clasificados y reciclados por cinco empleados y muchos voluntarios más en FabScrap, la organización sin fines de lucro que está detrás de esta operación. Desde 2016, ayuda a los estudios de moda de Nueva York a reciclar sus descartes de los salones de diseño, prendas mutiladas, rollos de stock sin utilizar y muestras que los diseñadores utilizan para elegir materiales y evaluar prototipos.Newsletters Clarín Entremujeres

Hasta el momento, la organización reunió cerca de un cuarto de millón de telas de los estudios de diseño de grandes distribuidores minoristas como Express, J. Crew y Marc Jacobs y diseñadores independientes en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. Estos descartes fueron triturados y reciclados para relleno o aislación o vueltos a vender a estudiantes, educadores y artistas de la moda.

“Se genera mucho desecho en el proceso de diseño”, dijo Jessica Schreiber, directora ejecutiva de FabScrap. “Sin embargo, es la punta del iceberg”.

A medida que se aceleró el cambio climático, las corporaciones de todo tipo se han preocupado cada vez más por la sostenibilidad. Las cuatro quintas partes de los consumidores sienten firmemente que las empresas deberían implementar programas para mejorar el ambiente, de acuerdo con un estudio reciente de Nielsen.

Retazos de moda, ¿la solución a los desechos? Foto: The New York Times.

Las empresas textiles en particular, han enfrentado la presión del cambio, desde los políticos, los manifestantes en los desfiles de moda y los compradores de todas las edades, quienes desean reducir sus huellas de carbono. La industria de la moda, a menudo, se menciona como la segunda más contaminante en el mundo, aunque la sobreproducción, el uso de químicos, las emisiones de carbono y los desechos realmente son cuestiones con las que tiene que luchar.

Schreiber pronto entendió la angustia que los desechos les causan a los diseñadores. En 2014, supervisaba el programa de reestructuración de NYC del Departamento de Sanidad, que recoge prendas y telas viejas en mercados y en edificios de departamentos que participan del programa.

Recibió una cantidad de llamadas similares, de marcas que incluían a J. Crew, Eileen Fisher, Express, Mara Hoffman y Marc Jacobs. Las compañías tenían pilas de estampados y telas de temporada, y muestras que no podían donar pero que tenían que descartar.

“A la gente les ponía los nervios de punta”, dijo Schreiber. La mitad de los diseñadores recurrían a esconder los retazos debajo de los escritorios como podían, y fracasaban en encontrar lugares donde regalarlos. “Sentían mucha culpa”, afirmó y no había una solución clara.

Crear un hilado sostenible

Para un diseñador, reducir los desechos no es tan simple como reciclar unas bolsas de telas todas las semanas. Requiere revisar el modelo de negocio de la marca: anticipar las colecciones de temporada; evitar, o ser rechazado por los distribuidores minoristas tradicionales que aceptan grandes pedidos y embalado estándar; vender directamente a los consumidores; y lograr que los equipos de diseño piensen acerca de la sostenibilidad y la cadena de insumos de cada material y prenda.

Dana Davis, vicepresidente de sostenibilidad en Mara Hoffman y adoptante temprana de FabScrap, recordó que se sentía ansiosa por encontrar la mejor manera para que la empresa descartara los retazos. “Era una carga”, dijo. Pero luego de conversar con Hoffman, la diseñadora, tuvieron en claro que era necesario un cambio.

La compañía comenzó a despachar trajes de baño en bolsas orgánicas y se comprometió a largo plazo, respecto de los materiales que adquiría. Para reducir el exceso del inventario, la marca se alejó del círculo de la moda y la norma de la industria de realizar pedidos con proyección.

Todavía existen desafíos, como asegurarse de que los consumidores y minoristas realmente entreguen bolsas orgánicas, aunque otras marcas están adoptando los cambios en el diseño y los niveles de fabricación y distribución.

Es difícil detectar cuántos desechos se generan, incluso antes de que una prenda llegue al consumidor. Las agencias externas no rastrean el desecho de fábrica. Las cadenas de insumos ahora son tan complejas y recaen en tantos contratistas y subcontratistas remotos, que las empresas no pueden responsabilizarse de todos los materiales.

Aun si una marca quisiera calcular cuántos retazos genera, “sería muy difícil que lo investigaran, porque las distintas fábricas podrían tener distintos procesos”, dijo Timo Rinassen, profesor adjunto de sostenibilidad en la Escuela de Diseño Parsons.

Wendy Waugh, vicepresidente ejecutivo de sostenibilidad en Theory y cliente de FabScrap, sabía que determinar el desecho total de la marca sería un desafío. La empresa trabaja con muchas fibras diferentes, que se adquieren en distintas partes del mundo. La lana de la compañía, proviene de una granja en Tasmania, y es hilada y teñida en una textil en Italia, antes de ser depositada y comercializada en el mundo.

Después de que se obtiene y se hace el hilado de una fibra, se la envía a una fábrica donde se corta, tiñe y recorta. Reverse Resources, una empresa de software que trabaja con fábricas de indumentaria importantes en Bangladesh y Sri Lanka, descubrió que el 20% de la tela utilizada en la fase corte-fabricación-recorte finalmente se descarta.

Linda Greer, fundadora del programa Clean by Design y ex toxicóloga del Consejo de Defensa de Recursos Naturales, aconsejó a muchas fábricas textiles y de teñido en China. Dijo que con frecuencia, las marcas rechazan las telas porque no concuerdan exactamente con el color deseado.

“Vi tantas ‘pilas sin usar’ de telas mal teñidas”, dijo Greer. “A veces se pueden retocar, y a veces, las desechan”.

Una vez que la prenda está terminada, se puede presentar otro problema: exceso de inventario. En algunos casos, esas prendas se incineran, lo cual evita su reventa con descuentos, dijo Rinassen.

El año pasado, Burberry quemó ropas y cosméticos por un valor de 37 millones de dólares para mantener el “valor de la marca”. El año anterior, H&M estuvo bajo la lupa porque incineró 60 toneladas de mercaderías no comercializadas.

Stephanie Benedetto fundó Queen of Raw, una empresa online para telas sin uso y socia de FabScrap, después de ver la cantidad de material fabricado que estaba en los depósitos (según su cálculo, por un valor de unos 120 mil millones). En ese volumen, los desechos no son solamente ambientalmente irresponsables, son una cuestión del director de finanzas”.

Aparentemente, también un tema de marketing. Las empresas de moda han sido rápidas para invertir en marketing amigable para el ambiente. Hubo colecciones cápsula derivadas de fibras naturales como pulpa de naranja (Salvatore Ferragamo), hojas de piña (H&M), hollejo de uvas (& Other Stories) y hongos (Stella McCartney), y una amplia selección de poliéster reciclado, hecho a partir de redes de pesca (Burberry) y botellas de plástico recogidas en las playas (Adidas).

Estos intentos solo son nada más que tácticas de RR.PP. y soluciones de corto plazo.

Samantha MacBride, profesora adjunta en Baruch College y ex profesional en gestión de desechos, dijo que las ideas que implementan las grandes marcas, a menudo reflejan falta de comprensión de la gestión de desechos.

La manera para minimizar la basura, no es proponiendo una estrategia de marketing verde, ni usar nuevas soluciones tecnológicas. “La clave es producir menos”, afirmó.

Retazos de moda, ¿la solución a los desechos? Foto: The New York Times.

Clasificar los retazos

En el piso de FabScrap, es imposible no sentirse abrumado por la enorme pila de basura.

Schreiber observó que las bolsas en la instalación fueron “casi irrelevantes en el esquema de lo que probablemente generaron”. Ninguno de los excesos de existencia de prendas que languidecen en los depósitos de las compañías está aquí. Ni tampoco, las enormes cantidades de tela arrojadas en las fábricas.

Debajo de la pila, siete voluntarios lenta y manualmente clasificaron cada retazo que ingresaba. Inspeccionaron y retiraron las etiquetas y frotaron la tela con sus dedos. No estaría lejos de los procesos mecanizados en una planta de reciclado, que hace hazañas de ingeniería, imanes y escáneres similares a infrarrojos, para identificar y categorizar distintos tipos de metales, plástico y papel.

No hay tecnología en uso que pueda detectar las diferencias entre, por ejemplo, lycra y lana. “Falta infraestructura”, afirmó Schreiber. “Como el hecho de que la clasificación que todavía se hace a mano, es una locura”.

Los procesos de reciclado son iguales a los de hace décadas. Hoy, hay una cantidad de empresas, como Evrnu y WornAgain, que están comenzando a reciclar fibras, un proceso que involucra triturar y disolver las fibras en una pulpa que se puede volver a hilar para crear una nueva tela.

Schreiber comentó que si se trataran los retazos de telas “como un producto de desecho, y no como un material gestionado sin fines de lucro, estaríamos mejor con la tecnología”.

En un rincón en la parte trasera del depósito, hay dos comercios de FabScrap, donde se venden muchas de los restos más grandes que sus empleados y voluntarios encuentran entre los restos. De alguna manera, algunos estudiantes de moda se detienen allí, compran y se inspiran con los restos de rollos de material sin uso, que son más económicos aquí que en las sederías de la ciudad.

Jasmine Velazquez, estudiante en el Instituto de Moda de Tecnología, buscó un cuero verde que quería para usarlo en una tarea futura. “Prefiero comprar el cuero aquí que apoyar a la industria. La sostenibilidad debería ser más importante para mí, porque soy estudiante”, agregó.

En junio, FabScrap abrió un segundo comercio, en una cuadra del distrito de diseños textil, cerca de comercios de venta de segunda mano y muy cerca de FIT.

Camille Tagle, directora de reutilización y en sociedad con FabScrap, además de ex diseñadora de prendas de noche en Pamella Roland, señaló algunas de las telas especiales que colmaban los estantes. Había rollos de terciopelo celeste bebé y algodón blanco con diseños geométricos. Sobre los estantes, había conos casi completos de hilos en colores que evocaban una gama Pantone.

“Si no combina por muy poco, se descarta”, dijo.

Retazos de moda, ¿la solución a los desechos? Foto: The New York Times.

Una pieza en particular, de chifón rosado del largo de una pañoleta con flores, llamó su atención. Cada flor tenía al menos, tres o cuatro colores dispuestos en un patrón diferente. “Lleva mucho tiempo”, dijo Tagle. “Un diseñador tuvo que comunicar todos esos detalles a la textil”.

Un tránsito constante de estudiantes y aficionados ingresaban para revisar los estantes y los cestos con retazos. Olivia Koval, que estudia un máster de bellas artes en textiles en Parsons, se fue del negocio con una bolsa repleta de jeans cortados y retazos de denim. Planeaba teñirlos y unirlos para hacer una tela más grande.

“Que la gente se inspire con algo sacado de la basura realmente es importante para mí”, dijo Tagle.

Desde su apertura hace seis meses, la tienda en Chelsea atendió a 4.800 clientes. El año próximo, los planes de FabScrap son de establecer operaciones en la Costa Oeste.

A pesar de lo que construyó, Schreiber es cauta respecto del éxito de FabScrap. “Es un grupo tan pequeño de empresas que se autoseleccionaron, y es un nicho tan pequeño de sus desechos, que es por eso, que resulta tan frustrante”, afirmó.

Fuente: Clarin https://www.clarin.com/entremujeres/moda/-retazos-tela-podrian-solucionar-problema-basura-moda-_0_cuyrndmR.html