La luz eléctrica ha traído enormes beneficios pero también algunos graves problemas: la contaminación lumínica altera los ecosistemas, afecta a la biodiversidad y dificulta la observación científica del cosmos.

La forma de afrontar esos problemas se debaten en el foro virtual “Cielos oscuros y tranquilos para la ciencia y la sociedad”, que se celebra desde este lunes hasta el próximo viernes y que organiza la Oficina de Naciones Unidad para el Espacio Exterior (Unoosa), el Ministerio de Ciencia de España y la Unión Astronómica Internacional.

El exceso de luz artificial también pone en peligro ecosistemas al afectar a seres vivos, especialmente invertebrados, cuyos ciclos de vida dependen de la oscuridad.

Cada vez más expuestos

“Solo en la última década, la tasa promedio mundial de aumento en la potencia de la luz artificial fue del 2 % anual en términos de área iluminada y resplandor, aproximadamente el doble de la tasa de crecimiento de la población mundial en el mismo período”, explica a EFEverde Nathalie Ricard, una científica de Unoosa, la agencia espacial de la ONU con sede en Viena.

Si para el ser humano esta sensibilidad es importante, para una parte fundamental de los ecosistemas es cuestión de vida o muerte. EFE/EPA/WALLACE

“Ese exceso de luz en el cielo nocturno oculta las débiles fuentes celestes que brindan información científica clave sobre los orígenes del universo y de la vida”, agrega la experta.

Ricard abre hoy el seminario virtual, que precede a una conferencia presencial que se celebrará en Santa Cruz de La Palma (Canarias) el próximo abril.

En el seminario -coorganizado también por el Instituto de Astrofísica de Canarias– participan destacados expertos y el ministro de Ciencia e Innovación de España, Pedro Duque, intervendrá de forma telemática en la última jornada, el viernes.

Trastornos en el reloj biológico

Ese exceso de luz en la noche también causa en la fauna desorientación, trastornos de la rutina, desplazamiento a otros hábitats, desajustes en la cadena trófica o incluso mortalidad en masa entre los insectos.

Ricard recuerda que el ciclo natural de luz y oscuridad influye en el funcionamiento de muchas de las funciones vitales humanas más importantes, incluida la secreción de hormonas, el sueño, la digestión y el metabolismo.

“Aunque alguna vez se pensó que los seres humanos habían evolucionado más allá de la sensibilidad a la luz y estaban regulados socialmente, ahora se reconoce ampliamente que, de hecho, somos fisiológicamente muy sensibles incluso a niveles muy bajos de luz durante la noche”, subraya.

Si para el ser humano esta sensibilidad es importante, para una parte fundamental de los ecosistemas es cuestión de vida o muerte.

“La mayoría de los animales, la gran mayoría de los invertebrados, incluidos los polinizadores cruciales, y más de las tres cuartas partes de las especies de mamíferos son nocturnos”, destaca la experta.

La vida necesita oscuridad

“La mayor parte de la vida en la Tierra necesita oscuridad durante la noche para desarrollarse. Pero los seres humanos y la naturaleza están ahora cada vez más expuestos a una luz artificial cada vez más intensa por la noche, con un enorme aumento impulsado por nuevas tecnologías de bajo coste”, recalca.

“Un importante y creciente cuerpo de investigación científica muestra que la luz artificial en la noche causa efectos negativos importantes en la salud de los seres humanos y la flora y la fauna”, insiste.

Algunos países, como Alemania, han empezado a estudiar la prohibición legal del uso indiscriminado de ciertas luces potentes para intentar reducir la mortandad de insectos, fundamentales para el equilibrio en el ecosistema.

Minisatélites

El encuentro también abordará la proliferación de constelaciones de minisatélites de compañías privadas para distintas actividades comerciales, como efecto de la tecnología espacial cada vez más barata. En ocasiones estos minisatélites son fácilmente visibles y alteran la imagen del firmamento nocturno.

“A diferencia de las interferencias producidas desde el suelo, los satélites en órbita afectan a todo el cielo visto desde cualquier lugar de la Tierra”, destaca Ricard.

Eso perjudica la observación astronómica y cambian la relación con los cielos nocturnos, que durante siglos sirvieron de orientación, inspiración y como reloj natural para los humanos.

“Los satélites también plantean un desafío particular para la radioastronomía porque orbitan sobre radioobservatorios terrestres, dirigiendo sus señales hacia la Tierra, y éstas son mil millones de veces más fuertes que las débiles fuentes de radio astronómicas”, añade para explicar otro problema.

Medidas de referencia 

Se espera que del encuentro salga un documento de referencia que describa qué medidas pueden adoptar los gobiernos y las empresas privadas para mitigar el impacto negativo del exceso de luz sin disminuir el bienestar de los ciudadanos.

Entre ellas se cuenta el blindaje de luces para limitar su brillo, la reducción de la potencia a la cantidad mínima necesaria, el uso de tecnología adaptativa para regular la iluminación, como por ejemplo, en las carreteras con poco tráfico o para apagar luces en espacios públicos cuando no sean necesarias.

“El comité científico organizador de la conferencia ya elaboró un borrador de recomendaciones para iniciar discusiones a nivel internacional entre astrónomos, autoridades públicas y fabricantes de equipos de iluminación, así como las empresas que lanzan y operan constelaciones de satélites”, indica la experta.

Estas recomendaciones se actualizarán con los debates de esta semana y se espera que se respalden en 2021 en el foro legal de Unoosa, en el que participan los Estados, con el objetivo de que el documento final se convierta en una referencia internacional

Efe Verde – https://www.efeverde.com/noticias/onu-contaminacion-luminica-biodiversidad/