Los planes de recorte de emisiones más duro del 2020 y los mercados de carbono dividen a los 200 países reunidos

Uno de los pabellones de la Cumbre del Clima hoy.
Uno de los pabellones de la Cumbre del Clima hoy. ÁLVARO GARCÍA

Los representantes de los casi 200 países reunidos en la Cumbre del Clima en Madrid, que se debía haber acabado el viernes, siguen intentando consensuar un acuerdo para dar por finalizada esta accidentada cita. Aunque se celebra en España la COP25 —como se conoce a esta cumbre de la ONU— está presidida por Chile, que tuvo que renunciar a que se desarrollara en Santiago por las protestas y movilizaciones.

La ministra chilena de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, que ejerce esa presidencia de la COP25, ha multiplicado las reuniones con los países para impedir que la cumbre fracase. Pero los obstáculos siguen impidiendo ese acuerdo. Por un lado, se intenta encajar la llamada que se debe hacer a los países para que presenten planes de recorte de emisiones más duros en 2020. Pero, en este punto existe una división evidente. A un lado están la UE y muchos Estados —varios latinoamericanos, como Colombia— que apuestan por pedir más ambición contra el cambio climático e instar a todos los Estados a revisar al alza sus planes de lucha contra el calentamiento en 2020.

Al otro lado, se sitúan China, la India y algunos países africanos y pretroleros que prefieren que en la declaración final se incida más en lo que no se ha hecho en cuanto a adaptación; básicamente, reprochan a los países desarrollados que no aporten lo suficiente a los en vías de desarrollo para que puedan adaptarse a los impactos negativos del cambio climático. La presidencia de la COP trató de conciliar estas dos posturas en los borradores que preparó. Pero esos textos han sido criticados por las ONG.

“Es completamente inaceptable”, afirma Jennifer Morgan, directora de Greenpeace, sobre la propuesta de la presidencia chilena, que incluye un leve llamamiento a los países a endurecer sus compromisos de recorte de emisiones. “Nunca he visto una desconexión tan grande entre la ciencia y lo que piden los ciudadanos y los negociadores de una cumbre”, resume Alden Meyer, miembro de Unión de Científicos Preocupados.

El otro enorme escollo es la negociación sobre los mercados de carbono, un asunto que tienen importantes implicaciones económicas para los Estados y las empresas.

Ya con el reloj corriendo a toda prisa, la ministra Carolina Schmidt ha convocado una reunión a puerta cerrada —y a la que los agentes de seguridad de la ONU ni siquiera dejan que nadie se acerque al perímetro de la sala donde transcurre— a los ministros y máximos representantes de la UE, China, India, Australia, Brasil, Arabia Saudí y Japón para intentar cerrar un pacto. En un extremo de esta negociación se sitúa la UE, que dice no estar dispuesta a aceptar un pacto que no fije reglas duras y seguras para garantizar que este tipo de mercados no se conviertan en un coladero de proyectos poco claros o de doble contabilidad de las emisiones de efecto invernadero que se ahorren con este mecanismo. Al otro lado, están China, India, Australia y Brasil, que cuentan con muchos derechos de emisión acumulados desde el Protocolo de Kioto, el pacto que será sustituido por el Acuerdo de París, a los que le quieren dar salida a partir de 2020.

Esta reunión a puerta cerrada ha molestado a muchos otros países a los que no se les ha permitido acceder. Y, a medida que avanza la noche y el fin de semana sin un acuerdo, crece el malestar con la presidencia chilena por la gestión de las negociaciones. Que se alarguen las negociaciones, explica Harjeet Singh, miembro de la ONG ActionAid International, perjudica principalmente a los pequeños Estados, que cuentan con pequeñas delegaciones en la COP25 y que no pueden afrontar los costes de cambiar los billetes de vuelta a sus países. Por lo tanto, estos países más débiles no pueden participar en el tramo final de las negociaciones. “Hay un problema de representatividad si se alarga tanto la negociación”, se lamenta uno de los negociadores sobre una cumbre que debería haber terminado el viernes.  

Fuente: EL PAÍS https://elpais.com/sociedad/2019/12/14/actualidad/1576353698_885600.html