El 48% de los casos de asma infantil que cada año se registran en Barcelona se pueden atribuir sin ninguna duda a la contaminación del aire que respiran. Y básicamente, a la que produce el tráfico.

Es la conclusión de un estudio de ISGlobal , centro impulsado por la Caixa, que ha cruzado los datos de casos de asma infantil nuevos y la presencia durante el mismo periodo de tres componentes de la contaminación atmosférica: dióxido de nitrógeno (NO2), partículas finas en suspensión (PM2,5) y carbono negro (lo negro que emiten los tubos de escape, un fiable indicador de tráfico). Todo eso distribuido por las distintas zonas de la ciudad y su definición socioeconómica. Pretenden así determinar en qué medida inciden las privaciones socioeconómicas en el desarrollo de la enfermedad.

El resultado ha sido impactante incluso para los investigadores, que ya habían publicado investigaciones anteriores en las que establecían que el 33% de los casos nuevos de asma infantil en Europa estaban relacionados con la contaminación atmosférica. Pero en Barcelona se ha llegado al 48%. Unos 1.200 casos al año que se podrían evitar. “No estamos hablando de una dificultad pasajera para respirar bien mientras se hace ejercicio, sino de una enfermedad que puede llagar a matar y que en todos los casos supone para los niños no tener una infancia en plenitud. Por la contaminación”, advierte el investigador principal del estudio David Rojas, actualmente profesor en la Universidad Estatal de Colorado (EE.UU.) e investigador de ISGlobal.

Asma Barcelona
Asma Barcelona (La Vanguardia)

El otro dato llamativo es que hay más afectados por esta contaminación del tráfico entre niños menos desfavorecidos, niños que viven en zonas caras pero donde el tráfico es muy intenso. Y están expuestos a él de forma constante. “No es el caso de la zona alta de Barcelona, donde hay menos tráfico y más arbolado, sino la del área del Eixample, la Diagonal y otras vías de alto precio por las que se circula en coche intensamente”, señala el investigador.

Un estudio del 2019 llevado a cabo en el hospital Vall d’Hebron coincidía en el resultado. Para ser asmático hay que tener una predisposición genética, pero sin un desencadenante, como las partículas diesel, que fueron las estudiadas en este caso, el asma nunca aparecería y los ácaros o los pólenes no le causarían silbidos al respirar. “Si inhalamos pequeñas cantidades de esas partículas, los pulmones activan mecanismos para defenderse del estrés oxidativo que provocan. Pero cuando es una exposición continuada, cada día, el epitelio bronquial se daña. Se ponen en marcha procesos inflamatorios no alérgicos y esa inflamación se perpetúa y puede acabar en asma”, explicaba María Jesús Cruz, investigadora y corresponsable del grupo de neumología del VHIR.

El estudio de ISGlobal comprueba que algunos de los barrios más dañinos están entre los más caros

El asma infantil crece en el mundo de manera importante en los últimos 40 años a pesar de que mejoren mucho los tratamientos y el diagnóstico. En España el asma infantil afecta a entre el 9% y el 16%, ­depende de las zonas. En Barcelona, el 12%.

Aunque el Ayuntamiento de Barcelona aún no tiene datos significativos de si algo ha cambiado en el aire de la ciudad desde que se pusiera en marcha la zona de bajas emisiones, Eloi Badia, concejal de Emergencia Climática y Transición Ecológica, anunció una estimación: un 19% de reducción de la cantidad de NO2en el ambiente.

Fuente: La Vanguardia – https://www.lavanguardia.com/vida/20200206/473305122517/asma-infantil-barcelona-contaminacion-eixample.html