De manera creciente, la ciencia reconoce que la contaminación atmosférica representa uno de los mayores riesgos a la salud que enfrenta la humanidad, en la medida en que se asocia claramente con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, distintos tipos de cáncer, e incluso con padecimientos degenerativos en el cerebro, como es el caso del Alzheimer. La semana anterior, la Sociedad Europea de Cardiología publicó un profundo estudio epidemiológico a escala global donde se evalúan en especial los efectos de las partículas pequeñas inhalables menores a 2.5 micras (PM2.5) a partir de un novedoso modelo global de exposición y mortalidad. (Jos Lelieveld et al.  “Loss of life expectancy from air pollution compared to other risk factors: a worldwide perspective”. Cardiovascular Research).

Dado que la Organización Mundial de la Salud estima que más de 70% de las tasas de mortalidad globales se deben a enfermedades no transmisibles, el estudio citado se orientó a investigar hasta qué grado la contaminación atmosférica contribuye a ello. Esto se llevó a cabo con base en modelos de riesgo específicos y en información acerca de la exposición de diferentes poblaciones y regiones del mundo a distintas concentraciones de contaminantes atmosféricos, en particular las PM2.5. Lo anterior, identificando y estimando tasas de mortalidad y pérdida de años de esperanza de vida (loss of life expectancy – LLE) valorando la contribución relativa de la contaminación con respecto a otros factores de riesgo como son el tabaquismo, obesidad, alimentación no saludable, hipertensión, diabetes y colesterol alto. Cabe señalar la verosimilitud del estudio, que utiliza también sofisticados modelos de circulación y química atmosférica, y distingue entre emisiones contaminantes a la atmósfera provenientes del uso de combustibles fósiles, incendios forestales y quemas agropecuarias, y fuentes naturales.

Los resultados son elocuentes e inquietantes. La tasa total de mortalidad por contaminación atmosférica en el mundo asciende a 8.8 millones, o 120 muertes por cada 100,000 habitantes al año, mientras que la pérdida en esperanza de vida atribuible a la contaminación es de casi tres años. Evidentemente existen variaciones regionales importantes, ya que el impacto es mayor en el este y en el sur de Asia. La mortalidad producto de la contaminación atmosférica es desagregada por causas, como son infecciones del tracto respiratorio, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas, enfermedades isquémicas del corazón, enfermedades cerebro-vasculares y cáncer de pulmón. Sobresalen las enfermedades cardiovasculares. Recordemos que las PM2.5 son emitidas por el consumo de combustibles fósiles y quemas forestales y agropecuarias principalmente, y que penetran hasta el torrente sanguíneo. De hecho, son responsables de riesgos que anteriormente no habían sido considerados, como inflamación, estrés oxidativo, y disfunción vascular endotelial, además de su contribución al desarrollo de la hipertensión, diabetes, y ateroesclerosis. Resulta obvio que el consumo de combustibles fósiles es en gran medida el origen del problema, en especial de las plantas termoeléctricas, ciertas industrias y vehículos preponderantemente con motores a diésel. Sin embargo, también son importantes fuentes residenciales por la utilización de leña en calefacción y cocinas.

Es interesante señalar que el estudio estima igualmente las muertes que podrían ser evitadas si se tomaran medidas adecuadas de política ambiental y energética que redujeran o eliminaran fuentes de contaminación. La esperanza de vida podría aumentar hasta dos años simplemente con sustituir centrales eléctricas que funcionan con combustibles fósiles altamente contaminantes y controlar las emisiones vehiculares.

Ahora, son necesarios estudios que caractericen los tipos de partículas PM2.5 y su origen con la finalidad de saber cuáles son aquellas que presentan los mayores riesgos de morbilidad y mortalidad, así como su toxicidad, mecanismos fisiológicos, causas y efectos.

El Economista – https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Contaminacion-atmosferica-y-reduccion-en-la-esperanza-de-vida-20200313-0019.html