Hace poco más de una década el embajador Vicente Arnaud llamaba una vez más a la concientización del medio ambiente, del mismo modo que la mayoría de las instituciones dedicadas a esos fines en el orden nacional y mundial, incluyendo entre los referentes a Paulo VI y San Juan Pablo II. 

En esa conferencia con el auspicio de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, dedicó un párrafo muy significativo a Manuel Belgrano a quien atribuyó con sobrado mérito” el haber formulado en lo que es hoy la Argentina sobre depredación del suelo y del ambiente a partir de 1794 en sus Memorias como secretario del Real Consulado de Buenos Aires y en su periódico Correo de Comercio, denuncias acompañadas de recomendaciones éticas para solucionar los problemas”. 

Claro que se encontró como reiteradamente lo hemos dicho en estas notas y seguro lo repetiremos en muchas otras con la necedad o la indiferencia de los mediocres.

PATRONO DE LAS COMUNICACIONES

Belgrano traía un inmenso bagaje de conocimientos, de lecturas y también de periódicos de España como el Correo Mercantil de las Indias al que estaba suscripto y al que además aportaba por medio de los representantes del Consulado en el interior del virreinato noticias sobre estas tierras, lo que dicho sea de paso lo convertía en un corresponsal, una de las tantas facetas de quien merece ser reconocido como el Patrono de las Comunicaciones.

En su Memoria de 1796 al Consulado apuntaba que “fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio” eran los tres grandes objetos sobre los que debía ocupar la atención y cuidado de parte del Estado. 

Para corregir los vicios y la ignorancia proponía establecer una escuela de agricultura donde instruir “a los jóvenes labradores” convirtiéndolo en el precursor de las escuelas agrotécnicas cuya primera fundación es de agosto de 1883.

En dicha Memoria apuntaba: “No se debe menos atención a los montes. Es indispensable poner todo cuidado y hacer los mayores esfuerzos en poblar la tierra de árboles, mucho más en las tierras llanas, que son propensas a la sequedad cuando no estaban defendidas; la sombra de los árboles contribuye mucho para conservar la humedad, los troncos quebrantan los aires fuertes y proporcionan mil ventajas al hombre. Así es que conocida en el día en Europa, se premia a todos los que hacen nuevos plantíos, señalando un premio por cada árbol que se da un tanto arraigado y sin esto, los particulares, por su propia utilidad se destinan a este trabajo, además de haberse prescripto leyes por los gobiernos para un objeto tan útil como este”.

EL BUEN EJEMPLO

Citaba y proponía como buen ejemplo lo que el reconocido jardinero y ensayista ingles John Evelyn, -autor de más de 30 obras sobre forestación- en su libro Discurso de árboles forestales en su primera edición de 1663 señalaba que había “algunos cantones de Alemania que no se puede cortar árbol ninguno por propio que sea, para los usos de carpintería, sin antes haber probado que se ha puesto otro en su lugar, añadiendo a esto que ningún habitante de la campaña puede casarse sin presentar una certificación de haber comenzado a cultivar un cierto número de árboles. También asegura y, me es notorio, que en Vizcaya hay mucho cuidado para todo propietario que corte un árbol ponga en su lugar tres”.

Ya estaba Belgrano conociendo la realidad y la burocracia que bien señaló José María Mariluz Urquijo, y no buscaba irse a buscar leyes foráneas, al contrario señalaba que los códigos del reino “están llenos de las disposiciones más sabias que se pueden desear en la materia, sin contar con infinitas pragmáticas, cédulas y órdenes reales, con que nuestros Augustos Soberanos, atendiendo al bien y felicidad de sus vasallos, han procurado el adelantamiento de los bosques, montes, etc.”. 

Para ello proponía en principio cercar las propiedades “con los mismos árboles, particularmente los que se destinan para sembrar”, poniendo como ejemplo los beneficios que resultaban como se había comprobado en “Inglaterra, Alemania y demás países de Europa, incluyéndose igualmente parte de la España que es la Vizcaya”. 

Daba a conocer el resultado de dichos cercos para la fertilidad del terreno, defensa de los grandes cientos, para conservar “algún tiempo más la humedad, siendo de árboles como propongo, pueden franquear leña a los dueños para sus necesidades y frutos en los tiempos en que la naturaleza los dispensa y, además, con el tiempo, podremos tener madera en abundancia para nuestros edificios y demás usos y acaso hacer el servicio de la Metrópoli y el comercio, presentarles modos de tener buques para su servicio”.

A ello debemos agregar que en nuestras grandes extensiones uno de los graves problemas que solucionaba adoptar estas medidas era el cuidado de las sementeras, permanentemente a mano para que vacunos y yeguarizos las destrozaran.

SOCORRO DEL LABRADOR

Finalmente agregó la posibilidad de establecer un fondo destinado al socorro del labrador que cumpliera estos objetivos. Debió pasar mucho años para que se fundara el Instituto Forestal Nacional. 

Agregaba esta frase algunos de cuyos párrafos vamos a desarrollar: “¿Podrá alguno dudar de las ventajas que resultarán de él, sin más que el labrador beneficiado vuelva en grano al precio corriente de la plaza la cantidad que se le franquee? No, ciertamente, yo espero que por aclamación se adopte el pensamiento para evitar los grandes monopolios que en esta parte tengo noticias se ejecutan en esta Capital, por aquellos hombres que, desprendidos de todo amor hacia sus semejantes, solo aspiran a su interés particular y nada les importa el que la clase más útil del estado o, como dicen los economistas, la clase productiva de la sociedad, viva en la miseria y desnudez que es consiguiente a estos procedimientos tan repugnantes a la naturaleza y que la misma religión y las leyes detestan”. 

Que decir a 224 años de distancia de “ese interés particular” cuando el tema de las mineras, de las aguas y otros tantos son mencionados a cada momento en las noticias de nuestro país, cuando poco le importa que la gente “viva en la miseria y desnudez que es consiguiente a estos procedimientos tan repugnantes a la naturaleza y que la misma religión y las leyes detestan” para usar sus mismas palabras. 

Y también después de una larga década de esa especie de partido de ping-pong entre la Ciudad de Buenos Aires y la provincia, por la basura y las aguas del Riachuelo en el que uno le tira la culpa al otro, y sólo lo mencionan para la tribuna en tiempos de campaña. A ellos les viene como anillo al dedo esta frase de Belgrano “los grandes monopolios que en esta parte tengo noticias se ejecutan en esta Capital”. 

Más de una vez más nos preguntamos porque se demoraron o ignoraron hasta el presente en ciertas jurisdicciones adherir al Año del General Manuel Belgrano, y la respuesta es que el prócer interpela a los que benefician “los grandes monopolios”, que no les importa que la gente “viva en la miseria y desnudez” porque sólo les preocupan “sus propios intereses”.

La Prensa – http://www.laprensa.com.ar/485939-Conciencia-pionera-sobre-la-ecologia.note.aspx