Después del cierre de fuentes y otros surtidores de agua a causa del coronavirus, las botellas de agua se han convertido en un imprescindible, pero ¿cuál es la más recomendable?

Uno de los “efectos secundarios” de la pandemia ha sido el cierre de las fuentes y otros surtidores de agua, por ejemplo, en algunos espacios públicos o en centros educativos. Son muchos los niños que ya el curso pasado acudían al colegio con sus propias botellas o los adultos que también las llevaban al trabajo. Sin embargo, hoy en día, debido al coronavirus, llevar botellas reutilizables ya no es opcional, sino que en ocasiones es imprescindible. Si la semana pasada hablábamos del retorno de la riñonera, en este caso la que vuelve es una versión renovada de la cantimplora. La pregunta es: ¿cuál elijo?

BOTELLAS DE AGUA “DE USAR Y TIRAR”: ¿ES TÓXICO RELLENARLAS?

Las clásicas botellas de plástico flexible que compramos en los supermercados o en las máquinas de vending no fueron ideadas para reutilizarse. Pero, a pesar de las leyendas urbanas, esto no significa que porque las reutilicemos un par de veces vayamos a morir intoxicados. Actualmente no contienen BPA, el famoso bisfenol que podría ejercer como disruptor endocrino si su ingesta excede determinadas dosis. El bisfenol puede migrar de los envases al alimento, especialmente si se someten a temperaturas elevadas. En su lugar se emplea PET (tereftalato de polietileno).

El problema es que ese tipo de plástico no es muy resistente y puede deteriorarse con el uso fácilmente. En las grietas que se forman en el plástico, junto con la humedad y el posible calorcito, las bacterias y los hongos encuentran su hogar y pueden “criar”. No olvidemos que nuestras propias bacterias bucales entran y salen de allí como Pedro por su casa.

El tipo de plástico con el que está fabricado el envase se suele identificar a través del código de reciclaje (este simbolito con forma de triángulo con flechitas). Las botellas “BPA Free” tienen los códigos de reciclaje 1, 2, 4 y 5. El 1 es el citado PET, tereftalato de polietileno.

Además del posible riesgo por contaminación bacteriológica al reutilizar estas botellas, no debemos perder de vista el problema de sosteniblidad que supone el uso masivo de este tipo de plásticos de usar y tirar. Aunque reutilicemos la botella varias veces, esta tarda relativamente poco en “ponerse fea” y terminamos sustituyéndola por otra con el impacto medioambiental que supone.

BOTELLAS DE “PLÁSTICO DURO”

Especialmente para los niños, por su resistencia a los golpes y peso ligero, se suele optar por botellas de plástico (por entendernos, similares a las que llevan los ciclistas). Este tipo de plástico sigue sin ser mi material favorito, porque, a pesar de ser más resistente que el de las botellas flexibles de usar y tirar, cuando las lavamos en el lavavajillas o las sometemos a altas temperaturas también puede degradarse. Si las botellas contienen un líquido caliente (café, infusiones, etc.), el plástico se degrada incluso más deprisa.

En el caso de que busquemos una botella para contener únicamente agua fría o a temperatura ambiente, lo ideal sería buscar un plástico libre de BPA. Una buena opción sería un polímero resistente a la degradación como el polietileno de alta densidad (HDPE, número 2). ¡Aviso a navegantes! Si optamos por una botella de este tipo, por favor comprémosla en establecimientos que nos ofrezcan garantías. No es aconsejable comprarlas ni en bazares, ni en mercadillos, de dudosa calidad. Ojo también a los “pitorritos”: si son difíciles de sacar y el niño va a acabar usando sus -sucias- manos, quizá tampoco sean la mejor opción.

VIDRIO: EL MATERIAL “CASI” PERFECTO

Mi material favorito, si no tuviera la fea costumbre de romperse con mirarlo, sería el vidrio. El vidrio es una sustancia inerte que no produce transmisión de compuestos a líquidos, ni al enfriar ni al calentar el envase. Otra ventaja importante es que tampoco retiene el sabor (queja habitual de los usuarios de botellas de plástico o metal). Para solucionar el problema de la rotura, actualmente se encuentran en el mercado botellas de vidrio dentro de fundas de silicona o neopreno.

METAL: EL ACERO INOXIDABLE ES NUESTRO AMIGO

La mayoría de las botellas de metal están hechas de acero inoxidable o aluminio y también son materiales seguros con respecto a la migración de sustancias tóxicas. Es cierto que podría haber una ligera transferencia del metal al líquido, pero probablemente no haya mayor riesgo que cuando usamos utensilios de cocina de acero inoxidable o aluminio, que sí se consideran seguros. ¿Cuál es el principal inconveniente del metal? Que, como comentábamos, transfiere sabor metálico al agua.

Según Ana Romero, especialista en Ciencia de los Materiales de la Universidad de Castilla-La Mancha en Toledo, el metal “ideal” sería un biometal. Pero teniendo en cuenta los precios del titanio, oro, plata o platino quizá convenga buscar alguna solución menos ambiciosa. Una buena opción podría ser el acero inoxidable 316 L, que es un acero inoxidable austenítico (bío, resistente a la oxidación y a la corrosión). Podemos encontrar botellas con este material de forma sencilla haciendo una búsqueda en el navegador.

El aluminio presenta una desventaja clara frente al acero inoxidable y es que es menos resistente. Se deformaría al acumular mochilas, al caerse al suelo o incluso si nos sentamos encima (que puede pasar).

EN RESUMEN: ¿QUÉ BOTELLA ES LA MÁS RECOMENDABLE?

Hay muchas opciones válidas, pero por centrar el tiro en dos, a un adulto le recomendaría una botella de vidrio con funda de silicona/neopreno. Y para niños, botellitas de metal, ya que las hay ligeras y más resistentes que el vidrio. No están los coles como para aumentar el riesgo de accidentes.

El Mundo – https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2020/09/14/5f5f41b5fc6c837b0e8b45ef.html