En el último año creció en la Argentina la cantidad de chicos que trabajan. Se les reduce el principal derecho que tienen para cambiar sus vidas: la educación. 

Nunca está de más volver a insistir sobre la tremenda injusticia que significa que, aún hoy, haya chicos trabajando en la Argentina. Sobre todo hoy, a 24 horas del “Día Mundial contra el Trabajo Infantil”. La semana pasada se conoció un preocupante informe de la UCA sobre la infancia en el país. Allí se indica que el trabajo doméstico y económico de los menores de 17 años de sectores urbanos, que venía bajando desde 2010, dio un rebote en 2018 y volvió a crecer 2,3 puntos porcentuales. Ahora está en un 15,5%.

Forzados a convertirse en adultos, casi dos de cada 10 chicos argentinos hoy están obligados a trabajar.

Son “trabajadores infantiles” todos aquellos chicos y adolescentes que hacen tareas hogareñas en forma habitual; también los que deben hacerse cargo del cuidado de sus hermanos; los que ayudan en el trabajo a un familiar o un conocido; e incluso los que directamente deben salir a ganarse el dinero por su cuenta, como empleados o aprendices. Todos ellos tienen algo en común: su trabajo o su ingreso son fundamentales para la economía de sus hogares.Newsletters Clarín A

El trabajo infantil es injusto por donde se lo mire. En principio, priva a los chicos del tiempo de juego y de la infancia. Pero además, les quita el tiempo que necesitan para una buena educación.

Según cifras recientes, los chicos y adolescentes que trabajan tienen 3 veces más probabilidades de abandonar los estudios. En promedio, tienen dos años menos de escolaridad. Y cuando son adultos, su salario es 20% menor.

Un chico que trabaja tiene menos tiempo para hacer las tareas y está más cansado en el aula. Todo esto se traduce en bajo rendimiento y, como resultado final, en deserción escolar.

En definitiva, la victoria de ese flagelo llamado trabajo infantil.

Educación para el trabajo

 Muchos adultos creen que el trabajo de los chicos y adolescentes es bueno para ellos, porque los introduce a la cultura del trabajo. Pero se acumula la evidencia que muestra lo contrario. En realidad, más que trabajo lo que chicos y adolescentes necesitan es una buena educación para el trabajo. En todo caso, una escuela secundaria que tenga como uno de sus objetivos formarlos para entrar bien preparados al mercado laboral.

Los especialistas lo remarcan: el trabajo infantil, más que incorporarles la cultura del trabajo lo que hace es desplazarles la niñez.

Fuente: Clarin https://www.clarin.com/opinion/adultos-fuerza_0_j2Uclg4Bz.html